Transcripción:
Gracias a todos, queridos, por haber venido hoy a apoyarme; muchos, probablemente, tuvieron que levantarse temprano, tanto conocidos como desconocidos. [...]
Un gran agradecimiento a los abogados que se esforzaron por ejercer mi defensa de manera honesta y por demostrar mi inocencia. También quiero agradecer a la fiscal por resaltar los hechos sin distorsiones y por pronunciar correctamente el nombre de Dios. Gracias a la secretaria del tribunal por llevar estrictamente las actas. Su señoría, estoy agradecido por la organización del proceso, la constante observancia del reglamento, la paciencia y el intento de profundizar cuidadosamente en el fondo del caso examinado.
Señoría, soy una persona obediente a la ley, pacífica, paciente y que respeta el orden público. Desde los dos años fui criado en una familia incompleta, ya que mi padre nos dejó a mi madre y a mí. Lo vi tal vez cinco veces en toda mi vida, así que lo recuerdo vagamente. Mi madre trabajaba en varios empleos simultáneamente, porque la pensión de mi abuela y un solo salario (mi madre era técnica electricista) no alcanzaban. Mi educación estuvo principalmente a cargo de mi abuela. Ella tenía estudios superiores en filología rusa y literatura, por lo que logró inculcarme con éxito normas de moralidad y el hábito del trabajo, ya que se desempeñó como profesora, subdirectora y directora de escuela en diversas regiones de la URSS. Poco antes de fallecer, mi abuela trabajaba como bibliotecaria en la escuela básica Nº 2, donde yo estudié. Una vez resolvíamos un crucigrama y apareció el nombre de Dios en forma de “Yahvé”. Ella me mostró ese nombre en la Biblia. Yo tenía diez años y no comprendía lo importante que era entender el contenido de ese libro.
Además de estudiar en la escuela, desde los ocho años practiqué acrobacia con entusiasmo en el circo popular bajo la dirección de Viktor Aleksándrovich Zvérev, quien publicó un libro sobre su trabajo. Dichos entrenamientos me permitieron evitar …